El Señor invita a no quedarnos en lo exterior, sino ir a lo esencial, a revisar nuestro interior y la profundidad de nuestra experiencia como cristianos.
Sacerdote jesuita de la Provincia de Centroamérica. Realizo estudios en Teología Moral. Creo que el encuentro cotidiano con la Palabra de Dios es capaz de transformarnos y de orientar nuestras vidas. Es a partir de este encuentro y de la familiaridad con el Señor, que podremos adquirir los criterios para habitar cristianamente nuestro mundo. Esto es, vivir insertos en la realidad y en la historia, sin traicionar los valores fundamentales del Evangelio.
El Señor invita a no quedarnos en lo exterior, sino ir a lo esencial, a revisar nuestro interior y la profundidad de nuestra experiencia como cristianos.
El Señor nos enseña el valor esencial del descanso en la vida, la necesidad de detenernos y aprender a cuidar de nosotros mismos.
Jesús nos anuncia el nacimiento de una nueva familia, con el Padre que está en los cielos y los que vivimos habitados por el Espíritu
Jesús nos llama a reproducir en la propia vida, lo que recibimos de Él. La cercanía con el Señor nos pone de cara al mundo, al prójimo.
No estamos hechos para nosotros mismos, la vida adquiere todo su sentido cuando se comparte, cuando se entrega en el servicio generoso.
A la lista de aquellos primeros cuatro discípulos, podemos añadir nuestros propios nombres. Porque hoy el Señor también nos invita a nosotros.
Aprender el lenguaje de Dios es saber comunicar, desde nuestra propia fragilidad, la vida que Dios quiere ofrecernos.
Los cristianos necesitamos estar atentos, despiertos, con los ojos abiertos y de cara al mundo.