Perdonar siempre suena imposible, pero el Evangelio propone algo mucho más radical: romper con la…
Mt 18, 21-35 (XXIV Domingo del Tiempo ordinario) El evangelio de hoy nos pone sobre…
En la comunidad cristiana todos estanos invitados a la reconciliación, a restablecer las relaciones mediadas en Cristo puesto que a una persona a quien Dios perdona no es sino por pura misericordia.
Seguir a Jesús exige superar la tentación de una fe cómoda y asumir la radicalidad de la cruz como camino de entrega. En esta lectura sociológica del Evangelio, Alejandro Navarro Cruz nos sitúa ante una cruz real y actual: la del desafío que supone un compromiso con la transformación social en nuestra Centroamérica.
Arriesgar todo por Jesús significa poner nuestra vida al servicio del Reino. No se trata de hacer cosas extraordinarias, sino de vivir con un corazón disponible, capaz de dejarse afectar por el sufrimiento de los demás y de convertir la fe en compromiso concreto.
El centro de la reflexión del Evangelio de hoy es la pregunta de Jesús a Pedro: «¿Quién decís que soy yo?» La respuesta de aquel joven pescador no solo cambió su vida: abrió un camino para una comunidad que sigue viva hasta nuestros días. En una Centroamérica marcada por la incertidumbre, el desencanto y los desafíos que enfrenta la juventud, este Evangelio nos recuerda algo poderoso: no hace falta tener la vida resuelta para confiar, tomar la palabra y asumir una misión. Te invitamos a leer este texto de Alejandro Navarro Cruz como parte de las lecturas sociológicas del Evangelio.
La mujer cananea era extranjera, mujer y, para muchos, alguien cuya voz podía ser ignorada. Pero ella insistió, atravesó fronteras y puso su confianza en Jesús. Su historia también nos mira hoy: ¿a quiénes dejamos fuera de nuestras mesas, nuestras comunidades y hasta de nuestra fe? Te presentamos la siguiente reflexión de Alejandro Navarro Cruz: Una mirada al Evangelio desde la sociología para descubrir que la fe también puede romper muros.
En un sistema teológico, religioso y eclesial, acostumbrado a la interpretación patriarcal y masculina de la fe, el Evangelio reserva la grandeza de la fe a un cuerpo femenino, a un acto materno, a una relación liberada del prejuicio y la exclusión. ¿Te animas tú también a una comunidad cristiana más femenina, donde una mujer periférica se convierte en madre de la fe e itinerario de conversión para todos nosotros?
Mt 14, 22-33 – Domingo 9 de agosto de 2026 La fe católica que profesamos…
Tal vez nuestros “cinco panes y dos peces” sean sencillos: una visita, una llamada, un plato de comida, una palabra de ánimo, una oración, unas horas de nuestro tiempo. Puede parecernos poco, pero cuando se entrega con amor y se coloca en las manos de Cristo, puede convertirse en alimento y esperanza para otros.


