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Compartimos el texto íntegro de autoría de S. Víctor Portillo, S.J., en colaboración con Aída Toledo. El texto surge de un dolor profundo tras el accidente del 10 de febrero, cuando un autobús cayó desde el puente Belice en Ciudad de Guatemala, Guatemala.

Los frenos
La agonía
Los párpados entrecerrados
La desesperación de no saber qué
Una madre que abraza fuertemente a su hijo de cinco años.
Un joven que no sabe si duerme o está en la eternidad
Una maestra que dejó esperando a sus estudiantes en la escuela
…Y que murió abrazada de sus tres retoños.
Allí iba mi madre, mi padre, un pedacito de mi alma.
Cuando de repente, todo queda en suspenso…
Y el vacío se adueña de la vida.
Ese segundo en el que la vida se fusiona con la eternidad.
Y todo vuelve a comenzar…
El duro impacto en el pecho y las aguas turbias se encargaron de…
Los frenos y los afanes…
El deseo incansable del hambre
Por llevar el pan a los hijos, a la abuela, a la mesa…
El amor por la escuela y por llegar a tiempo al trabajo
El anhelo de estar a tiempo, bien tempranito para…
Ser recibido en los brazos del Eterno.

Mis hermanos, mis compatriotas.
Individuos íntegros, que amaban y eran amados.
Mi sangre, … Mis prójimos
Que, como troncos secos, fueron amontonados.
Fueron cuidadosamente colocados.

A orillas del fétido río, a un lado de la vida
A un lado de lo que habían amado.
De lo que les motivaba a vivir.
De sus hijos, esposas, madres, abuelitas.
Fueron puestos a un lado de lo amado.
Al costado sangrante de sus propios corazones.
No lo pidieron.
Pero fue así.
¿Por voluntad de Dios?
¡¡¡No lo sé!!!

Se les dio como una orden.
Como una caricia que no se pide.
Simplemente apareció.
Como caricia inusitada.
Como regalo caído del cielo.