En tiempos de crisis, cuando la fe parecía tambalearse, un joven jesuita eligió formar antes…
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Esteban Vásquez Ulate, S.J., nos invita a celebrar la fiesta de Santa María Virgen, madre…
Homilía Cuarto Domingo de Resurrección (Jn 10, 1-10) – 26 de abril de 2026 Del…
Oremos para que, al igual que los discípulos en el Evangelio de hoy, nuestro encuentro con el Resucitado sea nuestra fuente de esperanza que nos impulse a comunicar el Reino de Dios.
En este texto, Benjamín Sánchez, S.J., nos invita a encontrar al Señor en medio de…
Tomás, como casi todos, necesita de pruebas, signos y evidencia para creer; Jesús le propone a él, y a nosotros, un camino distinto para enfrentar las dudas: “Creer para ver”. Esto es arriesgado, requiere valentía, pero vale la pena.
No olvidemos que Jesús sigue entrando en nuestra “Jerusalén” de forma discreta: en nuestras relaciones, en nuestras conversaciones, en nuestras decisiones, en sí, en todo nuestro diario vivir. Y, por tanto, entre hosannas y silencios, poco a poco, descubrimos que el Rey humilde también quiere reinar en nuestro corazón y como respuesta libre y generosa podamos decirle: ¡Entra, Jesús, entra en nuestras vidas! ¡Queremos caminar contigo!
El último milagro de Jesús en esta tierra es también una buena noticia para todos nosotros. La salvación no vendrá por la espada, porque ese es el camino de la muerte. La auténtica salvación vendrá por la donación del amor, que es el camino de la vida entregada que perdona y reconcilia. Jesús sana la oreja del criado, para que quizá también nosotros pongamos oído atento a su mensaje. Su último milagro está referido a sanar un sentido corporal, el que nos permite escuchar su anuncio bueno y salvador.
En este artículo, P. Erick Hernández, S.J., delegado del sector Espiritualidad en Centroamérica, reflexiona sobre…
¿Qué hace que una vida deje huella para siempre? Este texto de Víctor Portillo, S.J.,…