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Contrastante y compleja: así describe Diego Paz la experiencia del Mochilazo Vocacional. Entre incertidumbre por el camino desconocido y fe que se alimentó de la comunidad cálida que surgía en medio de las montañas, Diego reconoce y agradece la presencia de Dios en este caminar.

Partir a tierras lejanas, salir de las propias fronteras para evangelizar, abrir la vida misma a nuevas experiencias puede producir incertidumbre: ¿Qué pasará? ¿Cómo será el trato de las personas? ¿Cómo será el lugar? ¿Cuántas horas hacen falta para llegar? ¿Será un ambiente frío? ¿Será cálido? ¿Tendré todo cuanto necesito? ¿Qué tan parecido seremos en nuestros modos de celebrar o vivir la fe? Preguntas como estas resuenan en la mente en cuanto uno decide emprender una misión en un lugar lejano.

El Mochilazo 2025 en Honduras ha sido una experiencia contrastante y compleja:  convivir con la incertidumbre de un camino no conocido y al mismo tiempo tener la confianza de sabernos acompañados por Dios y los hermanos; provenir de distintos lugares y al mismo tiempo compartir los mismos anhelos e incluso las mismas dificultades; confrontar la diversidad en las tradiciones y al mismo tiempo profesar al unísono la misma fe; experimentar la lejanía del hogar y la frialdad del clima y a la vez la cálida atención de tantos que nos han hecho sentir parte de sus familias.

Al mirar con detenimiento lo vivido, hay mucho que agradecer al Creador, cuya Providencia se hizo presente, visible, histórica en las manos generosas que nos dieron alimento, en los hogares que dispusieron techo y abrigo, en la gallardía y entusiasmo de quienes viven su fe promoviendo la justicia. A todos ellos, nuestra gratitud y estima… y a Aquel que nos ama, nos llama y acompaña, por siempre, la mayor gloria.

Diego Paz