Su nacimiento nos confirma que Dios es un Dios con nosotros, un Dios que nos revela que la vulnerabilidad no es debilidad.
Su nacimiento nos confirma que Dios es un Dios con nosotros, un Dios que nos revela que la vulnerabilidad no es debilidad.
Un camino que nos acerca de manera gradual a la noche de la Navidad, el nacimiento del Mesías, una promesa cumplida que nos deja ahora expectantes de su regreso.
El evangelio revela que la historia está salvada, que caminamos con la esperanza de que el reino de Dios será en todos y para todos.
A su paso, la esperanza va marcando significativamente la historia de la humanidad por el impacto sanador en tantos hombre y mujeres.
Jesús reconoce la dificultad de vivir esta conversión, pero nos da la esperanza que, aunque «es imposible para los hombres, no para Dios».
Es necesario y urgente sanear la idea del dios del castigo y del rayo que impiden realizarnos libremente en el amor y la compasión.
La Pascua significa la máxima esperanza que los pueblos necesitan más que nunca para seguir luchando por un mundo solidario.
Ante una sociedad que quiere vivir el día a día, la invitación es a no olvidar.