No olvidemos que Jesús sigue entrando en nuestra “Jerusalén” de forma discreta: en nuestras relaciones, en nuestras conversaciones, en nuestras decisiones, en sí, en todo nuestro diario vivir. Y, por tanto, entre hosannas y silencios, poco a poco, descubrimos que el Rey humilde también quiere reinar en nuestro corazón y como respuesta libre y generosa podamos decirle: ¡Entra, Jesús, entra en nuestras vidas! ¡Queremos caminar contigo!





