¿Y si vivir el Evangelio fuera mucho más que decir que creemos? Este texto de Franklin Sánchez, nSJ, nos reta a descubrirlo en lo concreto: servir, incluir, defender la dignidad y entregarnos sin reservas, incluso desde nuestra fragilidad. ¿Te animás a descubrir cómo se ve un Evangelio vivido de verdad?
Vivir tu Evangelio, es hacer el bien sobre todo con aquellos que no tienes nada para pagarlo o que no pueden remunerarlo.
Vivir tu Evangelio, es darse sin reservas, es dejar que tú ames desde mi piel.
Vivir tu Evangelio, es incluir a todos, es saber que todos tienen derecho a ser llevados a Dios.
Vivir tu Evangelio, es reconocer y defender la dignidad humana.
Vivir tu Evangelio, es vaciarme de sí mismo para llenarme solo de Ti Señor.
Vivir tu Evangelio, es hacer la voluntad del padre que te amó hasta el extremo, es decir siempre la verdad y defender a los pobres. Aunque la vida se nos vaya en eso.
Vivir tu Evangelio, es hacer posible las bienaventuranzas, es ponerte siempre a Ti primero poder decir Dios primero o primero Dios.
Vivir tu Evangelio, me da fuerzas cada día en el misterio de tu amor, que me sostiene y convierte mi frágil barro en vasija de tu amor.
Vivir tu Evangelio, es reconocer que te vales de personas débiles y frágiles, que reconocen que solo con tu amor y gracia, esta misión es posible.
Vivir tu Evangelio, es poder decir: Gracias, Señor, por hacerte evangelio cada día desde lo sencillo y pequeño.
Sin majestuosidad o pompa, solo por amor esperanza y fe.
Es ese evangelio vivido el que acá me ha traído





