El 16 y el 17 de mayo, jóvenes de la Red Juvenil Ignaciana Honduras (RJI) vivieron una primera tanda de Ejercicios Espirituales para reflexionar sobre la oración, el sentido de la vida, el pecado y la misericordia de Dios y los dones. La jornada concluyó con una sensación general de saberse «amados y perdonados por el Señor».
Jóvenes de la Red Juvenil Ignaciana (RJI) Honduras participaron en una primera tanda de Ejercicios Espirituales en el Centro de Espiritualidad Ignaciana Arena Blanca, Yoro. Durante el fin de semana, las y los jóvenes participaron en espacios de reflexión comunitaria y silencio para profundizar en el sentido de la vida, el pecado y la misericordia y llamado de Dios.
Las y los jóvenes conocieron las cuatro semanas que comprenden los Ejercicios Espirituales como un preámbulo para la jornada que les esperaba. Aquí también conversaron sobre la estructura de la oración ignaciana para discernir sobre qué es oración y qué no. Este espacio sirvió para introducirse en el método de la contemplación y la meditación a través de oraciones que tenían como contextos testimonios de personas en su cotidianidad.



Reflexionaron sobre su Principio y Fundamento con las preguntas ¿Cuál es tu principio y fundamento? y ¿Qué da sentido a tu vida? como fondo. Las y los participantes también se hicieron conscientes de sus pecados y de la invitación que hace el Señor a su misericordia con la oración «Pecador me concibió mi madre» tomando de referencia la frase del Papa Francisco: «La Eucaristía no es un premio para los buenos, sino la fuerza de los débiles, para los pecadores; es el perdón y el viático que nos ayuda a caminar».
A través del método de la contemplación, escucharon la parábola de la oveja perdida para identificar cómo les encontró el Señor. Profundizaron en los sentimientos y pensares que despertó en ellos la parábola: ¿Qué les impresiona de Jesús?, ¿Qué despierta saber que el Señor deja a las 99 por aquella que se quedó atrás? El primer día concluyó con la celebración de la Eucaristía y el rezo del Via Lucis.


El segundo día, luego de la celebración de la Eucaristía, las y los jóvenes contemplaron la parábola de los talentos para luego reflexionar en grupo sobre el mensaje que dejó en ellas y ellos. Esto último se enfocó en la forma en que el Señor deposita su confianza y espera que los dones recibidos se multipliquen.
Para finalizar la experiencia de los Ejercicios Espirituales, las y los jóvenes compartieron los principales frutos que se llevaron de la jornada. Resaltaron la oportunidad de detenerse y revisar sus vidas a la luz del amor del Señor, sabiéndose amados y perdonados por Él luego de encontrarse nuevamente.






