Vivir el Evangelio no es tachar una casilla de nuestro checklist del día a día. Es no vivir con prisas, queriendo resumir toda la experiencia de salvación en algún slogan o en una fórmula que sintetice todo. El Evangelio no ahorra camino ni administra recursos; el Evangelio pide a la persona entera. Mientras el fariseo pide «simplicidad», ¿qué es lo más importante para Dios? Jesús anuncia «complejidad»: amar… a muchos y de muchas maneras.











