Quien desea que nos salvemos sigue dando a su Hijo a cada instante, especialmente en cada Santa Misa te espera para que no perezcas y empieces a gustar los frutos de la vida eterna. El amor del Señor sigue renovándose y siendo actual, en cada obra que realizamos en su nombre damos testimonio de fe…Dios es amor.
A nuestro alrededor, muchos están como Marta y María, quizás vos lo estés, pero allí el Señor se acerca, te abraza, no es indiferente a tu dolor, permítete abrazar la esperanza hecha Vida, conduce tu corazón hacia la Luz de Cristo que ilumina toda tiene ¿Deseas salir fuera para volver a vivir?
Jesús, el Hijo de Dios, haciéndose semejante en todo a nosotros, menos en el pecado, también fue bautizado. En este momento “se abrieron los Cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba como una paloma y se posaba sobre él” (Mt 3, 16); se queda el Señor entre nosotros, se acerca lo que estaba distante, cielos y tierras se abrazan, empezando una nueva etapa de salvación.
En los espacios de muerte que nos rodean, centremos nuestro corazón en la Vida, en Cristo que es nuestra esperanza y Quien transforma nuestras obras. No nos quedamos en las ruinas cuando abrazamos a Cristo que ha resucitado.
¿Minus? Sí, buscando ante todo la gloria divina y no la propia, dejando que el Señor aparezca y nosotros disminuyamos. Sabiéndonos frágiles y amados, servidores los unos de los otros. La fecundidad de la humildad contrapuesta al enaltecerse, poniendo el amor más en obras que en palabras ¿Cómo vives el magis? ¿Te animas a servir desde el minus?
Al igual que el Señor, ¿Queremos entregar nuestra vida como lo hizo Cristo? ¿Deseamos amar y servir sabiéndonos alimentados constantemente por su Cuerpo y su Sangre? El tiempo es ahora
La Pasión de Cristo es el acto de amor más grande y generoso que hemos podido recibir, nos ha liberado y nos ha salvado. Por tanto, ¿está listo tu corazón para asumir el camino de cruz amando y sirviendo?
Al igual que el Señor, podemos hoy abrazar la vida, consagrando cada momento al servicio de los demás por amor.
En medio de nuestra comunidad y de modo personal, tengamos la alegría de preguntarnos hacia dónde nos mueve el Señor.
En este camino tenso entre la comunidad y la individualidad, el Señor va animando nuestra peregrinación, de modo paciente y amoroso.


