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  • Solemnidad de Corpus Christi – Ciclo C. Domingo 22 de junio de 2025
  • Lucas 9, 1lb-17

En un mundo cada vez más diluído entre muchas ideas y movimientos, prevalece la Verdad: Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida. Tanto así que seguimos acogiendo la realidad bondadosa y salvadora del Señor como una gran novedad, la cual deslumbra y trastoca nuestra mirada que en ocasiones se nubla ante tanto bien que podemos recibir, aun sin merecerlo. De hecho, el acoger la Verdad en nuestros corazones puede considerarse una tarea nunca acabada, ya que el misterio de amor que salva se acoge según tiempos, personas y lugares.

Como Iglesia celebramos hoy la Solemnidad de Corpus Christi. Con esta ocasión de vivir nuestra fe con especial preponderancia, nos abrimos al misterio más grande y maravilloso: el Todopoderoso, el Amor, la Verdad; ha decidido quedarse realmente en el pan y vino consagrado, para darnos su cuerpo y su sangre de modo perpetuo. Esta realidad de fe ha sido atestiguada a lo largo de los muchos siglos como comunidad de fe. No es normal, por lo menos desde la lógica común, asumir al Creador del Universo desde lo más pequeño. Pero allí está, sí, en cada santa misa está presente el Señor, la Verdad, en su Cuerpo y su Sangre. Dios se hace presente en lo pequeño.

San Ignacio de Loyola acogió esta realidad de fe con suma reverencia a su Majestad. De hecho, tras ser ordenado sacerdote pretendía celebrar su primera misa en los lugares santos. Aunque no lo consiguió, se le nota al Padre Maestro Ignacio siempre conmovido en cada misa que celebraba, incluso hasta llegar a las lágrimas. Y es que, ¡En Verdad está aquí! Y sí, no es una metáfora bonita ni una composición teórica piadosa, con su entrega de amor hasta la cruz, el Señor se sigue dando para que tengamos vida en abundancia, para que seamos comunidad de fe evangelizadora la cual anuncia la esperanza y la paz.

En las lecturas del evangelio de este día se nos narra una de las multiplicaciones de los panes. Un hecho sumamente diciente en consonancia con lo que celebramos. El Señor nunca nos deja desamparados, aun cuando pareciera que en los alrededores de nuestra existencia nada puede conseguirse. Es momento de ir hacia Él, escucharlo y estar atento a las indicaciones que nos oriente. Al igual que el Señor, podemos estar siempre anuentes a entregarnos hacia los demás, no desfallecer ni ignorar el dolor humano. “Todos comieron hasta saciarse” (Lc 9, 17), una acción que nos muestra que para todos da Dios. Al igual que el Señor, ¿Queremos entregar nuestra vida como lo hizo Cristo? ¿Deseamos amar y servir sabiéndonos alimentados constantemente por su Cuerpo y su Sangre? El tiempo es ahora, que Nuestra Señora interceda para que enteramente al Señor, amemos y sirvamos.

P. Juan Gaitán, S.J.

Juan Gaitán, SJ

Sacerdote jesuita, nicaragüense por gracia de Dios, de la Provincia de Centroamérica. Realizó estudios en Finanzas, Filosofía y Teología. Nuestra historia es compartida desde el amor misericordioso que el Señor nos dispensa; de allí que, agradecidos, amemos y sirvamos. Las Sagradas Escrituras y la vivencia de la Santa Misa nos fortalecen en la búsqueda de la mayor gloria divina.