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  • Juan 2, 13-22

Lo cotidiano suele envolvernos en una hiperactividad que nos absorbe, de tal modo que pasamos la vida sobreviviendo, más que viviendo. Existimos para salir a flote y afrontar las realidades terrenas, llegando a distraernos de que hay una sola cosa importante y fundamental a su vez: la comunión con el Señor, y como consecuencia amar y servir a los demás al modo de Jesucristo.

En los Ejercicios Espirituales, de modo específico en la Meditación de las Dos Banderas, San Ignacio invita a militar bajo la Bandera de Cristo en oposición a la Bandera de Lucifer. Los de este último grupo son enviados a tentar, distraer, de manera que puedan conducirnos a acoger “el primer escalón sea de riquezas, el 2º de honor, el 3º de soberbia, y de estos tres escalones induzca a todos los otros vicios”. Tres realidades que nos deshumanizan, quedando totalmente distraídos ante la realidad de comunión constante con el Señor, en la tarea de amar y servir.

La lectura del evangelio nos sitúa ante una acción profética del Mesías. En medio del gran templo de Jerusalén, se encuentra un espacio de éste convertido en un mercado; en Jn. 2, 16b se nos narra que Jesús les reclama con las siguientes palabras: “Quiten esto de aquí; no conviertan en un mercado la casa de mi Padre”. En dicho lugar las transacciones y demás menesteres conducían al corazón por caminos quizás lejanos al culto del Señor ¡Claro que estaban distraídos! Se ocupaban más de qué comprar y sacrificar en el culto, en lugar  del necesario encuentro con el Señor. Al final del texto, Jesucristo les reta a destruir el templo y que lo levantará en tres días, una clara alusión a la resurrección, a la vida que vence a la muerte, a todo lo derrumbado y distraído.

Si hacemos nuestro examen de conciencia podríamos ver si nuestro corazón se encuentra o no distraído, si el Señor es lo fundamental en nuestra vida ¿Hacemos oración, vivimos la Santa Misa, amamos al Señor amando a los demás, intentamos servir al modo de Jesucristo? En los espacios de muerte que nos rodean, centremos nuestro corazón en la Vida, en Cristo que es nuestra esperanza y Quien transforma nuestras obras. No nos quedamos en las ruinas cuando abrazamos a Cristo que ha resucitado.

Para finalizar, hoy se celebra la fiesta de la “Dedicación de la Basílica de Letrán”, la catedral del Papa, la iglesia madre en Roma desde donde el sucesor de Pedro nos confirma en la fe. Este lugar significativo toma relevancia en cuanto que sepamos Quién nos convoca como comunidad: el Señor. Unamos nuestras oraciones a la iglesia universal, formando un solo cuerpo, pidiendo no estar distraídos, centrar la mirada en Cristo, nuestro Principio y Fundamento, y así buscar la gloria divina.

Afmo. en Cristo    

        P. Juan Gaitán S.J.

Juan Gaitán, SJ

Sacerdote jesuita, nicaragüense por gracia de Dios, de la Provincia de Centroamérica. Realizó estudios en Finanzas, Filosofía y Teología. Nuestra historia es compartida desde el amor misericordioso que el Señor nos dispensa; de allí que, agradecidos, amemos y sirvamos. Las Sagradas Escrituras y la vivencia de la Santa Misa nos fortalecen en la búsqueda de la mayor gloria divina.