Acoger la luz es obrar según el corazón de Jesús, es seguir el evangelio y pasar haciendo el bien, sin nunca dejar a otros en la oscuridad
Breves comentarios sobre los evangelios dominicales que leemos en nuestra Iglesia a nivel universal.
Acoger la luz es obrar según el corazón de Jesús, es seguir el evangelio y pasar haciendo el bien, sin nunca dejar a otros en la oscuridad
Hay que pedir la gracia de despejar el corazón de toda realidad que distraiga de acoger al Señor como lo más valioso.
La transfiguración es invitación a ponerse en camino. Se manifiesta la gloria de Dios, mostrando a Cristo como esa presencia que libera.
El Reino de los Cielos debe empezar a ser una realidad en cada contexto que nos toca vivir. Por ejemplo, cuando nos solidarizamos con el prójimo.
Jesús viene a inaugurar un nuevo sacerdocio que no excluye y expulsa, sino que acoge y levanta la dignidad de las personas.
La acción de Jesús sobre la suegra de Pedro es el anuncio de que la Buena Noticia de Dios irrumpe en nuestras vidas por medio de gestos sencillos.
Para el mal, la presencia de Jesús es motivo de confrontación y de gritos, en cambio, para los hijos de Dios, es una presencia que sana y que libera.
A la lista de aquellos primeros cuatro discípulos, podemos añadir nuestros propios nombres. Porque hoy el Señor también nos invita a nosotros.
Cristo es nuestra fascinación, es nuestro modelo, es el único que podrá transformar nuestro corazón para que amemos y sirvamos.
Aprender el lenguaje de Dios es saber comunicar, desde nuestra propia fragilidad, la vida que Dios quiere ofrecernos.