El Señor nos enseña el valor esencial del descanso en la vida, la necesidad de detenernos y aprender a cuidar de nosotros mismos.
El Señor nos enseña el valor esencial del descanso en la vida, la necesidad de detenernos y aprender a cuidar de nosotros mismos.
Jesús invita primero a entrar en la casa, y quedarse en ella… No hay palabra salvadora y sanadora sin este gesto primordial de comensalidad.
Siempre es oportuno reconocer que la pequeñez histórica de Jesucristo no fue (¡ni es!) impedimento para liberarnos hoy de nuestras fragilidades
A Jesús le importa la fe de quienes se acercan, alabando estas actitudes. Por ello le dice a la mujer, «Hija, tu fe te ha salvado.
Sigamos manteniendo viva la confianza en el Señor. Siempre. También cuando la vida se nos hace más difícil. El Señor puede calmar todos los vientos.
Nuestra tarea es hacernos sembradores de su buena noticia y, entonces, percibiremos que nacen tallos de comunidad y espigas de fe y justicia.
Jesús nos anuncia el nacimiento de una nueva familia, con el Padre que está en los cielos y los que vivimos habitados por el Espíritu
La misión es ir por todos los confines anunciando las maravillas que el Señor ha obrado, los signos de esperanza y vida que ha legado.
Los discípulos pasan de estar encerrados y con miedo, a ser enviados para a perdonar y a reconciliar con el Espíritu Santo recibido.
En la solemnidad de la Ascensión del Señor, se nos presenta una invitación clara a actualizar nuestra envío para anunciar la Buena Noticia.