Dios nos encuentra en medio de nuestros estudios, trabajos, sueños, dudas y decisiones, y nos recuerda que nuestra vida puede convertirse en un espacio donde crezcan la justicia, la esperanza y la fraternidad. Ahora nos corresponde responder. Porque no basta con saber que estamos invitados: hace falta dar el paso, aceptar su invitación y descubrir cómo vivir nuestra vocación allí donde estemos. ¿Y si hoy comenzáramos por preguntarle a Dios qué quiere hacer crecer en nosotros y a través de nosotros? ¿Aceptás la invitación?
Como el dueño de la viña, nosotros también estamos llamados a salir en búsqueda de nuestros hermanos y hermanas, invitarles a ir con nosotros y alegrarnos con ellos porque todos recibimos, por igual, el don gratuito de la Salvación.
En este ejercicio de meditación ignaciana en torno a la Parábola del Sembrador (Mateo 13, 1-23) , Alejandro Navarro Cruz establece un diálogo entre las lógicas de optimización de la modernidad y la lógica de la Gracia: desproporcionada, universal y respetuosa de la libertad. A través de la reflexión, concluimos que no puede haber Reino sin libertad.
Este generoso sembrador sigue confiando en mí y hoy me invita a mover mi tierra, a vivir en profundidad, a quitar las piedras que la invaden, a limpiarla de las espinas que ahogan la existencia y a hacer brotar esa tierra buena de la que estoy hechos, porque soy su hijo.
Nuestra tarea es hacernos sembradores de su buena noticia y, entonces, percibiremos que nacen tallos de comunidad y espigas de fe y justicia.


