(Mt 20, 1-16) Domingo 20 de septiembre de 2026
El Evangelio de este domingo está cargado de esperanza. Viene a anunciarnos la Buena Nueva del Reino y el amor gratuito de Dios. Regularmente pensamos que para alcanzar la salvación es necesario hacer una serie de sacrificios, de esfuerzos, renuncias, etc., y así poder “merecerla”. El texto de este día vine a corregir nuestra mirada y la manera de comprender el camino hacia Dios. Nos muestra que Dios nos busca en todo tiempo y nos da su salvación a todos por igual.
Puede ser que al acercarnos a este texto quedemos golpeados ante la actitud del dueño de viña, que paga a todos los obreros lo mismo: a los que llegaron desde muy temprano, como a los que han llegado por la tarde; todos reciben, de parte del dueño, la misma paga. Pero el objetivo de la parábola no es mostrarnos una manera de proceder en términos económicos, al modo de nuestros convenios humanos. Su objetivo es darnos a conocer cómo es Dios y su manera de ofrecernos la vida plena. Un modo escandaloso en tiempos de Jesús pero en nuestros días. Solemos pensar que quien lleva más tiempo en la Iglesia, en la comunidad, quien reza más, quien cumple todas las normas etc., “merece” más que un recién convertido.
Jesús a través de esta parábola viene a decirnos que todos estamos invitados para ir y trabajar en la viña de Padre; en cada etapa, en todos los momentos de nuestra vida, Dios nos está buscando para ofrecernos su Reino, para invitarnos a colaborar con él y así encontrar el verdadero sentido en nuestras vidas. Al mismo tiempo, el relato nos alerta para que no vivir nuestra fe desde la lógica del intercambio comercial, para que no vivamos en la lógica de la competencia, de los puestos privilegiados, del clericalismo, del protagonismo para “hacer méritos”, etc. Quien de verdad ha respondido a la invitación del Señor a colabrorar en su viña, ha experimentado también la alegría de poder compartirlo con los demás. Como el dueño de la viña, nosotros también estamos llamados a salir en búsqueda de nuestros hermanos y hermanas, invitarles a ir con nosotros y alegrarnos con ellos porque todos recibimos, por igual, el don gratuito de la Salvación.




