Perdonar siempre suena imposible, pero el Evangelio propone algo mucho más radical: romper con la…
Mt 18, 21-35 (XXIV Domingo del Tiempo ordinario) El evangelio de hoy nos pone sobre…
Es momento de mirarnos sin miedo y preguntarnos: ¿a quién nos parecemos más, al publicano o al fariseo? Ambos oran al mismo Dios y acuden al mismo templo, pero sus corazones son distintos: uno se abre a la misericordia, el otro se encierra en su orgullo. ¿Y el nuestro?
La respuesta de Jesús es poderosa: «El que de vosotros esté sin pecado, sea el primero en arrojar la piedra». Con esta afirmación, nos recuerda que todos somos imperfectos y que el juicio debe ser acompañado de humildad y autoconocimiento. En un mundo donde a menudo se señala con el dedo, este mensaje es un llamado a la compasión y a la empatía.
El poder de sentirse perdonados es lo que cambia y transforma nuestra vida. No se trata de pecar con la certeza de que seremos perdonados, sino de comprender que quien ha sido perdonado encuentra en su vida una misión: llevar a otros a vivir desde la gratitud.
El perdón cristiano brota de una experiencia de encuentro con el Dios compasivo que nos ama incondicionalmente. El cristiano perdona porque se siente perdonado por Dios.


