En medio del ruido, la inmediatez y la exposición constante, el silencio se vuelve un acto revolucionario. ¿Por qué dedicar ocho días a callar, orar y escuchar? En este texto, Manuel González Asturias, S.J., nos invita a redescubrir el valor del silencio y de los Ejercicios Espirituales como camino para volver al corazón, discernir la vida y dejarnos encontrar por Dios.
¿Por qué hacer ocho días de silencio y oración?
El mundo nos va robando la intención de cada latido, llenando el aire con su ruido inmediato. Hoy, el alma se publica antes de tener palabra, y el sentir se canta sin haber madurado la nota. En esta prisa sin silencios, el arte de la hondura y de la meditación queda como una nota disonante, como un acorde desafinado en la sinfonía del alma.
¿Quién se detiene a examinar el día? ¿Quién va surcando con la mirada los detalles y matices de un atardecer, la carcajada de los niños, la paciencia en la cocina, el juego de las agujas tejiendo el crochet? ¿Quién reflexiona sus grandes desafíos y miedos, así como las grandes emociones y sueños? ¿Quién se detiene a «ver la santidad de la puerta de al lado, de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios»? (Papa Francisco) ¿Quién es Contemplativo en Acción?
Entrar en el silencio y orar es despertar el entusiasmo y darse la oportunidad de crear un nuevo modo de vincularse con la Fuente. Pues la calidad de nuestra vida se mide en la calidad de nuestras relaciones, ¡especialmente esa que tenemos con Dios y con los demás! Sin olvidar que también es ver hacia dentro, y vincular con mis deseos y sueños más profundos, esos que me dan una alegría inmejorable.
Los Ejercicios Espirituales proponen el Discernimiento para profundizar en las grandes preguntas, cuyo único y bello campo de respuesta está en el gran jardín de nuestro corazón. Y lo chilero (asombroso) es que el Dios de la novedad siempre se asoma como Peregrino que desea hacer su tienda de campaña en nuestra tierra, y allí juntos bailamos la Música de la Vida.
Por eso, los EE son una forma de disponer confiadamente el corazón a Dios, pues sabemos que «el viento sopla donde quiere, y oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.» (Jn 3, 8)
¡Que disfrutemos ser Contemplativos en Acción! 🙂↕️🙏🏻





