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Entre Nietzsche y el Evangelio, este texto de Cristopher Callejas, S.J., nos enfrenta a una pregunta incómoda pero necesaria: ¿seguimos matando a Jesús con nuestra indiferencia? Una reflexión profunda y cercana sobre el amor, la cruz y esa esperanza que insiste en levantarse incluso en medio de la violencia, el egoísmo y el fracaso humano.

Todos conocemos la famosa frase de Nietzsche: “¡Dios ha muerto, nosotros lo hemos matado, ustedes y yo! ¡Todos nosotros somos sus asesinos!”[1] Un acontecimiento histórico-filosófico que marca el inicio de la modernidad para Nietzsche, señalando la pérdida de un fundamento trascendente para la moral y la verdad.

       San Marcos nos narra que Jesús pidió a sus amigos con tristeza que se quedaran con él en vela[2] Siempre hay algo que nos aparte de la fe en Dios, de la confianza en su Proyecto. La sociedad siempre mirará a Jesús como inútil, el fracaso del proyecto de Dios, el mesías esperado que se deja atrapar y crucificar. El hijo de Dios que se deja entregar por sus propios amigos. San Ignacio nos invita a contemplar esta escena:

Considerar como la divinidad se esconde es a saber cómo podría destruir a sus enemigos, y no lo hace, y cómo deja padecer la sacratísima humanidad tan crudelísimamente (EE EE 196).

            Cualquiera esperaría que Dios aplastase con su gran poder nuestra maldad astuta e interesada, egoísta, prepotente, nuestra búsqueda desenfrenada de seguridades, posesiones, estatutos, ventajas y primeros puestos.

          Pero el proyecto de Dios es asunto de amor, todo amor verdadero padece. Entrar en la inseguridad del Reino es lo que nos consagra al amor. En este mundo muchas veces quien predica el amor y hace el bien, le va mal. Tenemos el ejemplo de tantos mártires que, por defensa a la fe, han sido eliminados, por el odio de quien se incomoda por el amor de Dios.

          Cuántos políticos tienen la oportunidad de hacer bien las cosas, pero son arrastrados por la corrupción del dinero, por la búsqueda de un mejor puesto, por encima de mucha gente que se queda sin nada. Negociamos la vida de otros por nuestros vanos deseos de comodidad. Cuantas veces en nuestros vecindarios, en nuestra familia, en nuestra comunidad preferimos tomar decisiones que nos beneficien personalmente, sin mirar el mal que le hago al otro.

           Por eso podemos decir que Jesús no vino a morir por nosotros, Jesús vino a predicar el amor, la buena noticia del Reino y nosotros lo matamos -hasta aquí tiene razón Nietzsche- No tenemos ninguna deuda que pagarle a Dios, es nuestro orgullo, nuestros afectos desordenados los que mata a Jesús todos los días con mi indiferencia frente a la injusticia y la guerra.

          Mi existencia en este mundo debe pasar por la cruz y terminar en la luz.  Porque la resurrección de Jesús solo me revela la lealtad de Dios para que creamos en Él. El origen de sus padecimientos está en la violencia que práctico, violencia muchas veces pasiva frente al poder que tengo en mis manos y que me lleva a tomar por opción la maldad. Jesús muere para que nadie viva para la muerte. No somos seres para la muerte como lo expresará Heidegger, somos seres para la vida. Reconocernos seres finitos y sin embargo llamados a la resurrección, reconocernos seres para la vida debe impulsarnos a vivir de forma auténtica, tomando posesión de nuestro tiempo y proyectos en sintonía con la voluntad de Dios.

          Sigue siendo increíble y a la vez escandalizador que Dios se haga frágil asumiendo nuestra humanidad, nuestra historia, para salvarnos de nosotros mismos, desde adentro, animándonos a vivir desde la opción del amor.

          Donde nosotros acaparamos, Jesús comparte, multiplica. Dios no quiere ser Dios sin nosotros. Aquí cabe recordarle a Nietzsche que, en la resurrección de Jesús, Dios sigue llamándonos a dar vida y vida en abundancia[3].


[1] Nietzsche, F. (s.f.). La gaya ciencia. (Trad. J. Jara). Ariel Quintaesencia / Planeta de Libros

[2] Evangelio según San Marcos 14:34

[3] Evangelio según San Juan 10:10

*Este texto corresponde a una serie de reflexiones y síntesis de los puntos de oración y lo contemplado internamente en los ejercicios espirituales dirigidos por nuestro compañero jesuita Manolo Maza en el Triduo de Renovación de Votos de Cuaresma 2026.

Cristopher Callejas, SJ

Escolar Jesuita. Estudiante de filosofía en República Dominicana. Una de las formas de vivir mi fe es a través del arte, descubrir cada día que somos capaces de transformar lo que Dios nos confía. Por eso para mí Dios es todo aquello bueno que puede salir del ser humano. Uno de los pasajes de la Biblia que siempre me sorprende y que guarda mucha relación con San Francisco Javier, quien me ha inspirado mucho desde los inicios de mi vocación, es «¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida?» (Mateo 16, 26).