Cada 24 de mayo recordamos a Nuestra Señora de la Estrada, o Nuestra Señora del Camino. Hoy, Ronaldo Melgar, S.J., nos invita a reconocer la misión de la Santa Patrona de la Compañía, aquella que los primeros compañeros jesuitas entendieron muy bien: que camina con nosotros llevándonos siempre a Cristo.
Allí está ella con una mirada sencilla y con unos brazos dispuestos para abrazarnos, es ella la que acompañó a los primeros jesuitas y que hasta la actualidad nos acompaña a nosotros. Con gran alegría puedo afirmar que nuestra Señora de la Estrada o Nuestra Señora del Camino nos ha acompañado y no solo eso, nos ha mostrado cómo caminar el camino. Este es el punto importante ¿cuál camino? ¿Nuestra Señora de la Estrada es el camino o nos conduce hacia el camino?
Ante esto puedo hacer la primera afirmación María no ocupa el lugar de Cristo, pero tiene una misión que nuestros primeros compañeros jesuitas entendieron muy bien: nos conduce hacia Él. Es así como ella se convierte en la acompañante de nuestros pasos hasta que el corazón descubre dónde está el verdadero horizonte.
La palabra estrada significa precisamente eso, camino. Y me atrevo a decir que quizás por eso esta advocación es tan cercana al espíritu ignaciano, porque seguir a Jesús no consiste en quedarse sentados de brazos cruzados esperando la salvación, seguir a Jesús consiste en “ponerse en” y ese “en” significa: camino. Pero aquí aparece entonces nuevamente la pregunta ¿María es el camino?
Segunda afirmación, María no es el camino, pero no hay nadie como ella que nos conduzca al camino. Toda su vida está marcada por ese actitud silenciosa de orientar hacia su Hijo. En Caná, por ejemplo, cuando la fiesta parece quedarse sin alegría, María simplemente dice “hagan lo que Él les diga”, con esas pocas palabras señala el centro.
Quizás esa sea la confirmación más profunda de lo que hoy celebramos, que María camina con nosotros, pero siempre orientando hacia Cristo. Y esto me da mucha alegría, porque en este caminar muchas veces no sabemos hacia dónde vamos; vivimos ciertamente ocupados, corremos de un lado a otro, estamos distraídos, cumplimos responsabilidades, respondemos exigencias, pero en el fondo está la pregunta que es un aguijón para nuestra existencia ¿hacia dónde vamos? Es así como ella no sustituye el camino, pero sí lo señala, no se queda en el centro, pero sí nos ayuda a reconocer dónde está el verdadero centro.
Por eso, en este día que celebramos a Nuestra Señora de la Estrada, tal vez la respuesta a la pregunta se vuelve clara, ella no es el camino, pero es la madre que nos enseña a caminar hacia Él y en ese acompañamiento silencioso descubrimos que cada paso que emprendemos y cada búsqueda de nuestro corazón encuentra su verdadero sentido cuando nos conduce finalmente a Cristo, que es el camino, la verdad y la vida.





