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El 27 de junio, jóvenes candidatos a la Compañía de Jesús en Ciudad de Guatemala, Guatemala, tuvieron la oportunidad de conocer más sobre la Compañía a través del acercamiento a las vocaciones de los hermanos jesuitas, sacerdotes y otros en sus últimos días de preparación antes del noviciado en el segundo Encuentro Vocacional de este 2026. En este texto, René Molina nos cuenta una memoria del espacio que sirvió para reflexionar sobre el sueño que Dios tiene para estos jóvenes.

Por René Molina

El pasado 27 de junio celebramos nuestro segundo encuentro del año —La vocación, camino y encuentro— en el Centro de Retiro y Reflexión Pedro Fabro del Liceo Javier. Esta vez contamos con la participación de nuevos candidatos, que tuvieron la oportunidad de conocer más sobre la Compañía a través de la experiencia de los hermanos jesuitas, sacerdotes y otros en sus últimos días de preparación antes del noviciado. Además, el encuentro coincidió con el sesenta aniversario de ordenación del padre Pedro «Chalín» González, SJ, quien es un ejemplo para todos sobre el compromiso y amor que se vive en esta vocación. El silencio y naturaleza que ofrece el Liceo Javier fue el mejor escenario para que —desde los más jóvenes hasta los más curtidos en la vocación— pudieran seguir reflexionando en la pregunta ¿qué sueño tiene Dios para mí?

Probablemente algunos no encontramos respuesta aún, pero es que el encuentro no trataba de aclarar el camino ni de descubrir alguna certeza, sino de reconocer que estamos llamados por aquel amor que invita a seguir amando. Es nuestro deber identificar aquello que nos dificulta e impide responder a nuestra vocación. El camino de la vocación jesuita no es un camino ajeno a la tentación y el pecado; al orgullo e individualismo; a la indiferencia y el egoísmo. Afortunadamente, y para alegría de todos, tampoco es un camino que recorremos solos. Siempre habrá gente dispuesta a escucharnos; ayudarnos, y a pedir por nosotros. Pero lo mejor de todo es que nunca nos hará falta el amor de Dios en nuestras vidas. Cuando sintamos que es el mal espíritu lo que nos guía, pongamos nuestra fe en el amor de Jesús y el sueño que Él tiene para mi vida.

Concluyo que el camino de la vocación es sentir que estamos llamados a servir a los demás, no desde los placeres del mundo, sino desde el amor de Jesús y buscando el bien común. Es poner tus talentos a la disposición de los demás y esperar que tus decisiones sean un reflejo de la luz de Cristo. La vocación es un camino de conversión porque nos invita a reflexionar dónde me hace falta dar más amor en mi vida y en dónde está puesta mi fe. Cuando san Ignacio rezaba que «todo es tuyo, disponelo según tu voluntad», y seguía con «dame tu amor y tu gracia, que eso me basta», además de su anhelo por aceptar la voluntad de Dios, también reconocía que no hay mayor recompensa que el compromiso que uno hace con su amor. Por eso, ahora que volví al lugar donde compartí tantas emociones, experiencias, aprendizajes, disgustos y pasiones, me doy cuenta que siempre ha sido Él quien me ha acompañado en mis alegrías, miedos, tristezas, dudas y enojos. Era yo quien nunca perdió la esperanza en el sueño que tenía Él para mí. Ahora, consciente del camino que me gustaría recorrer, solo pido que sea su amor el que me siga transformando y que mi mayor tesoro en este mundo sea seguir gozando de su gracia.

Antes de terminar, quisiera agradecer la hospitalidad de los hermanos del Liceo Javier y por el tiempo compartido durante nuestro encuentro. Uno de los mayores regalos de esta vocación es encontrarse con gente tan especial. Por eso, quisiera cerrar invitándolos hoy a todos para pedir por nuestra vocación, para que vayamos juntos de la mano de Jesús hacia el propósito que tiene para cada uno de nosotros y transformemos el mundo con nuestra fe, su amor y misericordia.