¿Qué conecta a San Pedro Claver con el pueblo Maya K’iche’ en Guatemala? En Santa María Chiquimula, el ejemplo de Claver invita al diálogo entre la fe cristiana y la cosmovisión maya K’iche’ en el ejercicio de anunciar el Evangelio en contextos culturales diversos. Ronald Ruiz, S.J., nos invita a profundizar en esta misión que exige cercanía, diálogo y respeto: así, la Parroquia La Natividad de la Virgen María vive hoy más que nunca el testimonio de San Pedro Claver, caminando junto al pueblo maya K’iche’
Anunciar el Evangelio en contextos culturalmente diversos exige cercanía, respeto y capacidad de diálogo. En Santa María Chiquimula, la riqueza cultural del pueblo maya K’iche’ convierte la inculturación en una tarea necesaria y esperanzadora. Evangelizar no significa imponer expresiones religiosas ajenas, sino reconocer que Dios ya se manifiesta en la historia, la sabiduría, los símbolos, la relación con la naturaleza y la organización comunitaria del pueblo.
En este camino, san Pedro Claver ofrece un testimonio inspirador. Nació en 1580 en Cataluña, España, e ingresó en la Compañía de Jesús en 1602. Desarrolló su misión en Cartagena de Indias, puerto al que llegaban personas africanas esclavizadas en condiciones inhumanas. Durante más de treinta años salió a su encuentro para ofrecerles alimento, atención, consuelo y defensa. Procuró comunicarse mediante intérpretes y gestos de acogida que expresaban el amor de Dios. Su compromiso quedó resumido en la frase que orientó su vida: “esclavo de los esclavos para siempre”. Murió en Cartagena en 1654, después de convertir el servicio a los vulnerables en una proclamación concreta del Evangelio.
Su testimonio recuerda que evangelizar comienza por acercarse, escuchar y defender la dignidad humana. Aunque vivió en un contexto diferente, su manera de encarnar la fe ilumina la misión entre pueblos con identidad propia. En Santa María Chiquimula, su ejemplo invita al diálogo entre la fe cristiana y la cosmovisión maya K’iche’. El sentido comunitario, el respeto a la Madre Tierra, la memoria de los antepasados y una espiritualidad simbólica son espacios donde la Buena Noticia puede ser comprendida, celebrada y vivida desde la lengua, la sensibilidad y las expresiones de la comunidad.
Desde este horizonte, la Parroquia La Natividad de la Virgen María avanza en la elaboración de su Plan Pastoral Parroquial (PPP). Más que un ejercicio administrativo, se trata de un proceso espiritual, comunitario y misionero, orientado a responder a los desafíos del territorio. El plan se articula mediante tres ejes transversales: la espiritualidad ignaciana, que ayuda a discernir la presencia y la voluntad de Dios en la realidad; la interculturalidad, que fomenta el encuentro y el aprendizaje mutuo; y la didáctica pastoral, que favorece un anuncio comprensible, participativo y transformador.
Estos ejes se complementan y darán unidad al caminar pastoral de la parroquia durante los próximos cinco años. Juntos expresan el estilo misionero de la Compañía de Jesús: contemplar la realidad, escuchar al pueblo, discernir comunitariamente y servir donde más se necesita. La presencia jesuita en la parroquia cumplirá cuarenta años en 2027. Actualmente, cinco jesuitas acompañan esta misión y colaboran en procesos pastorales, sociales y comunitarios.
El aniversario será una oportunidad para agradecer el camino recorrido y renovar el compromiso con el futuro. Inspirada en san Pedro Claver, la parroquia quiere seguir construyendo una Iglesia cercana, capaz de caminar junto al pueblo maya K’iche’. Cuando el Evangelio se incultura, no desarraiga ni uniforma; por el contrario, fortalece la vida, transforma desde dentro y se convierte en Buena Noticia para todos.





