Domingo 6 de septiembre de 2026 – Mateo 18, 15-20
La experiencia de Jesús respecto a su Padre no era la de un Dios excluyente sino de la bondad. Dios es bueno. ÉL es consciente de que Dios se definía como el Padre que sale al encuentro de quien está perdido o en la peor circunstancia. Solo viviendo esta experiencia de Dios Padre se entiende entonces lo que el evangelio de hoy quiere comunicar.
En este sentido, el evangelista Mateo hace notar la concreción del Evangelio en el seno de la comunidad cristiana. «Si tu hermano te ofende, ve y corrígelo…» La corrección fraterna aquí se complementa entonces con una instrucción orante y discernida sobre la comunidad. «Si no les hace caso, informa a la comunidad». La comunidad cristiana es, en efecto, el lugar privilegiado de la presencia del Emmanuel siempre que en ella se den las condiciones y actitudes que Jesús mismo señaló a sus discípulos en el Padrenuestro.
Por otro lado, la corrección fraterna tiene un componente pastoral no judicializado, ella responde al buen cuidado espiritual de la comunidad para que sus miembros vivan en ella el reino de Dios así «en la tierra como en el cielo». La fraternidad es la actitud transparente que sus miembros deben asumir en la comunidad cristiana o delante de quien se haya en peligro de caer. Los miembros de la comunidad cristiana tienen en definitiva una vocación profunda a la fraternidad.
En la comunidad orante, por tanto, debe reinar esa bondad de Dios, pero necesita de co-laboradores que la valore y tampoco deje morir los valores del reino de Dios ante sistemas de justicia mercantilizado o, muchas veces, partidariamente solidarios. Sin embargo, Dios no da a nadie por perdido y siempre lo espera. Así, en la comunidad cristiana todos estamos invitados a la reconciliación, a restablecer las relaciones mediadas en Cristo puesto que a una persona a quien Dios perdona no es sino por pura misericordia.



