Jesús reconoce la dificultad de vivir esta conversión, pero nos da la esperanza que, aunque «es imposible para los hombres, no para Dios».
Jesús reconoce la dificultad de vivir esta conversión, pero nos da la esperanza que, aunque «es imposible para los hombres, no para Dios».
Que todos podamos tener el corazón de su Hijo, que tomaba a los pequeños en sus brazos y los bendecía imponiéndoles las manos.
En este camino tenso entre la comunidad y la individualidad, el Señor va animando nuestra peregrinación, de modo paciente y amoroso.
Debemos salir de nuestros egoísmos y deseos malsanos para dar paso a la fuerza del Evangelio, la cual es luz que desplaza la oscuridad.
Nosotros también podemos preguntarnos: ¿quién es Jesús para la gente en estos días? Es el hombre libre y liberador integral en múltiples testimonios contemporáneos.
El cariño que dos amigos pueden tenerse se ve elevado y santificado y hace de la amistad un apostolado, donde pongo el amor más en las obras que en las palabras.
Quizás a la novedad que se nos invita en la Iglesia hoy, es a no perder de vista que la vida cristiana siempre tiene una dimensión de encuentro muy personal con el Señor.
El Señor invita a no quedarnos en lo exterior, sino ir a lo esencial, a revisar nuestro interior y la profundidad de nuestra experiencia como cristianos.
Es necesario y urgente sanear la idea del dios del castigo y del rayo que impiden realizarnos libremente en el amor y la compasión.
Quien quiera seguir a Jesús debe aceptarlo como pan de cada mañana, como alimento que sacia. Jesús no es el aperitivo de nuestra vida, es el alimento.