Cristo reina así: sin gritar, sin imponerse, sin miedo. Esa es su fuerza. Y cada vez que alguien en nuestra tierra elige esa manera, aunque sea un poco, su Reino empieza a hacerse real entre nosotros.
Cristo reina así: sin gritar, sin imponerse, sin miedo. Esa es su fuerza. Y cada vez que alguien en nuestra tierra elige esa manera, aunque sea un poco, su Reino empieza a hacerse real entre nosotros.
Días vendrán en que seremos liberados por Dios, «donde brillará el sol de justicia, que traerá la salvación en sus rayos». ¿Cuándo sucederá esto y cuál será la señal de que esto está a punto de suceder? Estén atentos y levanten la cabeza, dice el Señor.
En el mundo de lo exprés del todo rápido, a veces queremos que Dios sea como un trabajador de “pedidos ya”, pero lo cierto es que muchos de los dones que Dios da se fraguan a fuego lento y con participación del interesado.
La memoria agradecida, esa capacidad de recordar con gratitud lo que Dios ha hecho, es fuente de conversión. Nos invita a mirar la vida desde el Evangelio, a redescubrir la presencia de Dios en lo cotidiano. Solo desde la gratitud se renueva el corazón, se ensancha la mirada y se aprende a vivir de una manera nueva.
En el evangelio de Lucas que escuchamos hoy, Jesús no está haciendo un discurso de principios, sino un discernimiento práctica que refleja la realidad de injusticia hacia los pobres, la causa es el corazón egoísta y ambicioso que pone su amor y confianza en el dinero.
En el evangelio de Lucas que escuchamos hoy, Jesús no está haciendo un discurso de principios, sino un discernimiento práctica que refleja la realidad de injusticia hacia los pobres, la causa es el corazón egoísta y ambicioso que pone su amor y confianza en el dinero.
Jesús nos advierte que no basta haber estado cerca de Él de manera superficial, no basta decir “hemos comido y bebido contigo”; lo que cuenta es vivir de acuerdo con su Palabra, actuar con justicia y misericordia, dejar que nuestra vida sea coherente con el Evangelio.
¿Minus? Sí, buscando ante todo la gloria divina y no la propia, dejando que el Señor aparezca y nosotros disminuyamos. Sabiéndonos frágiles y amados, servidores los unos de los otros. La fecundidad de la humildad contrapuesta al enaltecerse, poniendo el amor más en obras que en palabras ¿Cómo vives el magis? ¿Te animas a servir desde el minus?
Jesús nos advierte que no basta haber estado cerca de Él de manera superficial, no basta decir “hemos comido y bebido contigo”; lo que cuenta es vivir de acuerdo con su Palabra, actuar con justicia y misericordia, dejar que nuestra vida sea coherente con el Evangelio.
La Pasión de Cristo es el acto de amor más grande y generoso que hemos podido recibir, nos ha liberado y nos ha salvado. Por tanto, ¿está listo tu corazón para asumir el camino de cruz amando y sirviendo?