Esa mirada también tiene la capacidad de transformar nuestra vida para darnos la libertad, la generosidad, para ir a lo esencial.
Esa mirada también tiene la capacidad de transformar nuestra vida para darnos la libertad, la generosidad, para ir a lo esencial.
A su paso, la esperanza va marcando significativamente la historia de la humanidad por el impacto sanador en tantos hombre y mujeres.
Yo le habló a Jesús tal y como soy. Mi vida sin ese amigo Jesús, sería un vacío. Yo encontré a este amigo, después de aquel accidente que sufrí.
En Jesús, Dios nos ha manifestado su amor. Sólo contemplando al Crucificado y Resucitado, nos posibilita alzar la mirada al mundo.
En este hombre se da un cambio social y espiritual. De marginado, pasa a ser incluido, de limosnero a rebosante de vida y de tullido a seguidor de Jesús.
Los creyentes estamos invitados a transformar nuestra sociedad y a revertir las estructuras que oprimen y marginan.
Jesús reconoce la dificultad de vivir esta conversión, pero nos da la esperanza que, aunque «es imposible para los hombres, no para Dios».
Que todos podamos tener el corazón de su Hijo, que tomaba a los pequeños en sus brazos y los bendecía imponiéndoles las manos.
En este camino tenso entre la comunidad y la individualidad, el Señor va animando nuestra peregrinación, de modo paciente y amoroso.
Nosotros también podemos preguntarnos: ¿quién es Jesús para la gente en estos días? Es el hombre libre y liberador integral en múltiples testimonios contemporáneos.