No sólo el jesuita sabe quién es mirándolo a él, sino todo cristiano encuentra quién es mirándole a Él. Encontramos nuestra misión.
No sólo el jesuita sabe quién es mirándolo a él, sino todo cristiano encuentra quién es mirándole a Él. Encontramos nuestra misión.
Jesús mismo quien le da la cara a Pablo, sale al encuentro de su perseguidor, pero no para condenarlo, sino para mostrarle su Misericordia.
Para el mal, la presencia de Jesús es motivo de confrontación y de gritos, en cambio, para los hijos de Dios, es una presencia que sana y que libera.
A la lista de aquellos primeros cuatro discípulos, podemos añadir nuestros propios nombres. Porque hoy el Señor también nos invita a nosotros.
Vivir el tiempo ordinario significa confiar plenamente en Dios y encontrar su presencia incluso en tiempos difíciles.
Ofrezcamos nuestro tiempo a alguien necesitado, festejemos con los que no tienen con quien celebrar y esperemos anhelantes a Jesús.
En Magis Nicaragua, he confirmado que la fe vivida me cuestiona lo que hay a mi alrededor y me invita a cambiarlo a través de la ternura.
El testimonio de Juan sigue siendo luz para todos, ilusiona, inspira, nos mueve a cambiar las realidades de vida que nos separan del Mesías.
Los cristianos necesitamos estar atentos, despiertos, con los ojos abiertos y de cara al mundo.
En la lógica del Reino de Dios, lo que somos y tenemos debe ser puesto al servicio de los demás.