Tal vez la misión no consiste en salvar el mundo por mis propias fuerzas. Si no, en prolongar la mirada, la compasión y la acción de Jesús ante el sufrimiento del mundo.
Tal vez la misión no consiste en salvar el mundo por mis propias fuerzas. Si no, en prolongar la mirada, la compasión y la acción de Jesús ante el sufrimiento del mundo.
Mucho antes de lo que hoy conocemos como «ecología integral», un jesuita vivía una relación profunda con la naturaleza y con su entorno. En la festividad de San José de Anchieta, Sándor Espinoza, S.J., nos reconstruye la vida y obra de este santo misionero que se hizo uno más de los pueblos tupíes en Brasil, recordándonos que la convivencia comienza cuando estamos dispuestos a comprender al otro desde dentro, desde lo que es.
VII Domingo de Pascua El evangelista san Mateo nos narra en este domingo la última…
Augusto Jarquín, S.J., nos invita a sumergirnos en su experiencia de misión en Cuba. Desde…
Durante tres semanas en Arcatao, al norte de El Salvador, José Miguel Guillén, jesuita en…
En medio de nuestra comunidad y de modo personal, tengamos la alegría de preguntarnos hacia dónde nos mueve el Señor.
Jesús invita primero a entrar en la casa, y quedarse en ella… No hay palabra salvadora y sanadora sin este gesto primordial de comensalidad.
La misión es ir por todos los confines anunciando las maravillas que el Señor ha obrado, los signos de esperanza y vida que ha legado.
En nuestra misión de Semana Santa en República Dominicana, brotaron signos de fe y vida que se quedaron enraizados en cada comunidad.
La fuente para satisfacer esa sed y hambre del desierto se nos es entregada por el Padre, a través de Cristo, quien es fuente de esperanza.