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Mateo 22, 15-21 – Domingo 18 de octubre de 2026

No es secreto que los fariseos y otros grupos religiosos de la época no perdían ocasión para buscar cómo incriminar a Jesús; de igual modo, emitían críticas que buscaban desacreditar, y hasta destruir, la acción misionera del Mesías. Tanto así, que con artimañas demoníacas realizaban preguntas y afirmaciones para intentar sacarlo de sí, y obtener una respuesta de su parte que lo dejara en ocasión de ser incriminado. Sin embargo, la astucia del mal espíritu nunca podrá vencer la bondad del Señor, que en su Hijo siempre termina imponiéndose.

En el número 330 de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola encontramos que: “Sólo es de Dios nuestro Señor dar consolación al ánima sin causa precedente; porque es propio del Criador entrar, salir, hacer moción en ella, trayéndola toda en amor de la su divina majestad”. Por otro lado, el mal espíritu, aun con razones aparentes, suele conducir a la persona por derroteros que le roban la paz, situándose en medio de encrucijadas que deshumanizan, llenándolo de inquietud. Siendo conscientes de esta realidad espiritual que vivimos -porque sí, experimentamos ambas realidades en nuestra existencia- podemos situarnos espiritualmente con mayor madurez.

Los fariseos buscan situar a Jesús ante la disyuntiva: “¿es lícito pagar tributo al César o no?” Mt. 22, 17b. La pregunta, aunque corta bastante compleja, está influenciada por el mal espíritu, incluso desde su planeación, dado que el deseo inicial no es construir, buscar la paz y obtener claridad frente a un tema, sino que procuran sorprenderle para así tener de qué acusarlo posteriormente (Cf. Mt 22, 15). La actuación astuta del mal espíritu no construye ni aporta crecimiento integral para la persona, por el contrario, el deseo corrupto se orienta a destruir y procurar la muerte de quien estorba, de quien piensa diferente, desordenando las realidades tanto internas de la persona, como la alteración del orden social inspirado en los valores de Cristo. Nuestras naciones centroamericanas no son exentas de esta tentación e influencia del mal espíritu, preguntémonos cuántas veces nuestros deseos iniciales frente a una acción que entablamos, o los proyectos que se planifican, se desordenan respecto del modo de proceder de Cristo, llegando a desordenarse hasta el punto de no procurar el bien del prójimo.

Sin embargo, Jesucristo ubica todo en su sitio. “lo del César devolvédselo al César; y lo de Dios a Dios” Mt. 22, 21b. Siendo Dios, identifica los deseos no rectos que tienen los fariseos y herodianos; nosotros, aun no siendo dioses, también debemos pedir la gracia de poder discernir las realidades del mal espíritu, las cuales siempre son perjudiciales ¡Cuánto bien nos haría pedir la gracia al Buen Espíritu para estar atentos a estas distracciones del Reino de Dios! Porque, en definitiva, dejarse conducir o verse inmersos en las redes del mal, implica la desvinculación -romper la comunión- del corazón de lo creado con su Creador. La tarea es ardua, ordenemos nuestro sitio existencial central y vinculante con el Señor: el corazón… Señor, pon todo en su sitio…

Juan Gaitán, SJ

Sacerdote jesuita, nicaragüense por gracia de Dios, de la Provincia de Centroamérica. Realizó estudios en Finanzas, Filosofía y Teología. Nuestra historia es compartida desde el amor misericordioso que el Señor nos dispensa; de allí que, agradecidos, amemos y sirvamos. Las Sagradas Escrituras y la vivencia de la Santa Misa nos fortalecen en la búsqueda de la mayor gloria divina.