¿Corregir a alguien es cuidar… o simplemente otra forma de juzgar? En tiempos de rumores, cancelaciones y comunidades cada vez más fragmentadas, Jesús propone algo radical: aprender a enfrentar el conflicto sin romper los vínculos. En esta Lectura Sociológica del Evangelio, Alejandro Navarro Cruz nos invita a mirar este pasaje desde la realidad centroamericana: ¿Qué propuestas podemos hacer en nuestros tejidos sociales gastados? Te invitamos a leer más para saberlo.
El Evangelio de este domingo (Mateo 18, 15-20) forma parte del llamado «discurso comunitario» de San Mateo, un conjunto de enseñanzas de Jesús orientadas a la vida concreta entre los hermanos. En este pasaje, el Maestro aborda un tema tan cotidiano como inevitable en la convivencia humana: el conflicto, el error y la necesidad de la corrección fraterna.
En un mundo que tiende a la cancelación o, en el extremo opuesto, a la indiferencia, la propuesta de Jesús establece una pedagogía del cuidado y de la responsabilidad mutua para avanzar juntos hacia el Reino. Desde una perspectiva sociológica, este texto es especialmente relevante para Centroamérica, donde las comunidades —eclesiales, barriales, familiares— sufren procesos de fragmentación, desconfianza y debilitamiento de los lazos de solidaridad.
Corregir desde la verdad, no desde el rumor
La dinámica que propone el Evangelio comienza en la intimidad y el respeto: a solas con el hermano. Si esto no basta, Jesús pide sumar uno o dos testigos. Lejos de ser un trámite burocrático, el papel de los testigos es fundamental: evita que el diálogo caiga en especulaciones, en juicios subjetivos o en el terreno del chisme y la murmuración. Se busca que quede constancia clara de la situación y que la verdad prevalezca, protegiendo siempre la dignidad de las personas involucradas.
El objetivo final de este proceso nunca es señalar, castigar ni alimentar el orgullo personal, sino recuperar al hermano y sanar el vínculo en la comunidad.
En nuestras sociedades centroamericanas, donde el rumor, la descalificación pública y la polarización se han vuelto prácticas cotidianas (amplificadas por las redes sociales), esta pedagogía de Jesús resulta contracultural. Propone un camino de verdad y de cuidado que evita tanto la impunidad como la cancelación. Es una invitación a construir comunidades capaces de gestionar el conflicto sin destruirse.
La presencia de Cristo en el acuerdo común
A continuación, el texto nos regala una de las promesas más consoladoras y exigentes de todo el Nuevo Testamento:
«Si dos de ustedes se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo concederá mi Padre que está en los cielos. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».
Jesús vuelve a poner de manifiesto el valor de la confianza en Él, pero esta vez ligada a la unión de voluntades. La presencia del Señor no se garantiza por la magnitud de las estructuras ni por la perfección de los ritos, sino por la sinceridad del encuentro entre hermanos que se ponen de acuerdo para buscar la voluntad del Padre.
La tentación de ser islas religiosas
Este pasaje es una llamada de atención frente a una tentación muy presente en nuestro tiempo: la ilusión de querer vivir la fe como islas. A veces resulta más cómodo aislarnos en nuestro propio rincón, con nuestro espacio personal, creyendo a nuestra manera y acomodando el Evangelio a nuestras preferencias individuales sin que nadie nos cuestione ni nos corrija.
Sin embargo, el cristianismo es comunitariamente encarnado o no es. No fuimos llamados a la autosuficiencia espiritual. La presencia activa de Cristo y la fuerza de la oración se experimentan con particular solidez cuando tenemos el valor de salir de nosotros mismos, de dialogar con humildad, de dejarnos ayudar y de orar juntos. Es ahí, en la fragilidad y en la riqueza de la vida comunitaria, donde el Evangelio deja de ser una noción abstracta y se convierte en vida compartida.
En Centroamérica, donde el tejido social ha sido debilitado por décadas de violencia, desigualdad y migraciones, recuperar la capacidad de vivir la fe en comunidad no es un lujo espiritual: es una necesidad social y eclesial. El “cristianismo de isla” no solo empobrece la fe; también debilita la posibilidad de construir alternativas colectivas frente a los problemas que nos afectan a todos.
Notas y referencias
1. Texto litúrgico del XXIII Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo A). Lecturas: Ezequiel 33, 7-9; Salmo 95; Romanos 13, 8-10; Mateo 18, 15-20.
2. El capítulo 18 de Mateo constituye el «discurso eclesial» o «discurso comunitario», centrado en las relaciones dentro de la comunidad de discípulos.
3. El procedimiento de corrección (Mt 18, 15-17) tiene raíces en la tradición judía (cf. Dt 19, 15) y busca siempre la restauración del hermano, no su exclusión.
4. La promesa de la presencia de Jesús «donde dos o tres están reunidos en mi nombre» (Mt 18, 20) es una de las afirmaciones más potentes sobre la eclesiología del Nuevo Testamento.
5. Sociológicamente, el texto interroga el individualismo religioso y la fragmentación comunitaria en Centroamérica, proponiendo una pedagogía del conflicto y de la solidaridad.





