Homilía Cuarto Domingo de Resurrección (Jn 10, 1-10) – 26 de abril de 2026
Del Evangelio de hoy nos impacta la cercanía del Pastor con sus ovejas. No es una relación distante ni fría: es tan íntima que cuando Él habla, ellas reconocen su voz y lo siguen con confianza. Esa imagen nos revela algo esencial: Jesús no es un extraño, es alguien que nos conoce por nuestro nombre, que nos llama y nos conduce hacia la vida plena.
El texto también denuncia con fuerza a los falsos pastores: voces que buscan aprovecharse, que confunden, que roban esperanza. Son voces extrañas que no generan confianza porque no transmiten vida. En contraste, Jesús se presenta como “la Puerta”: abierta, segura, que nos conduce a un horizonte nuevo, a una manera nueva de entender y de vivir la vida. Él es el Buen Pastor que entra por la puerta, se acerca con ternura, reúne a sus ovejas y las guía hacia pastos abundantes donde puedan alimentarse. Y ellas lo siguen porque reconocen su voz.
Para los jóvenes que buscan sentido o que se preguntan por su vocación en la vida, este evangelio les regala una invitación poderosa: aprender a distinguir la voz de Jesús en medio de tantas voces que nos rodean. Voces que a veces nos llenan de ruido, de exigencias externas, de presiones sociales, de miedos. La voz de Jesús, en cambio, nos dice al corazón: “No tengas miedo”. Nos recuerda que estamos llamados a una vida abundante, a una existencia que se construye desde la confianza y el amor.
Por gracias del Espíritu, para distinguir la voz del Pastor de otras que intentan ahogarnos la vida, la espiritualidad ignaciana nos ofrece herramientas prácticas. San Ignacio nos enseñó el arte del “discernimiento”: aprender a reconocer qué voces nos acercan a Dios y cuáles nos alejan de Él. Escuchar la voz de Jesús es descubrir en lo más hondo de nuestro ser los deseos auténticos, esos que nos hacen crecer, que nos llenan de alegría y que nos impulsan a servir. Ignacio lo llamaba la búsqueda del MAGIS: no conformarnos con lo mínimo, sino elegir lo que más nos conduce a la plenitud y al bien de los demás.
Jesús, Buen Pastor, no nos promete una vida sin dificultades, pero sí una vida con sentido. Nos invita a confiar, a caminar detrás de Él, a dejar que su voz nos guíe en medio de las dudas, del vacío o de la crisis de identidad. Su voz nos recuerda que somos amados, que tenemos un lugar en su rebaño, que nuestra vida tiene un propósito.
Escuchar la voz de Jesús es abrirnos a una relación que transforma: nos ayuda a descubrir nuestra verdadera identidad, a vivir con hondura, a reconocer que la fe no es un peso, sino una fuente de alegría y esperanza. Es la voz que nos impulsa a preguntarnos: ¿qué quiero hacer con mi vida? ¿qué me pide Dios hoy? Y en esa búsqueda, encontramos que nuestra vocación no es otra cosa que seguir al Pastor que nos conoce y nos ama.





