Cristo reina así: sin gritar, sin imponerse, sin miedo. Esa es su fuerza. Y cada vez que alguien en nuestra tierra elige esa manera, aunque sea un poco, su Reino empieza a hacerse real entre nosotros.
Breves comentarios sobre los evangelios dominicales que leemos en nuestra Iglesia a nivel universal.
Cristo reina así: sin gritar, sin imponerse, sin miedo. Esa es su fuerza. Y cada vez que alguien en nuestra tierra elige esa manera, aunque sea un poco, su Reino empieza a hacerse real entre nosotros.
Días vendrán en que seremos liberados por Dios, «donde brillará el sol de justicia, que traerá la salvación en sus rayos». ¿Cuándo sucederá esto y cuál será la señal de que esto está a punto de suceder? Estén atentos y levanten la cabeza, dice el Señor.
En los espacios de muerte que nos rodean, centremos nuestro corazón en la Vida, en Cristo que es nuestra esperanza y Quien transforma nuestras obras. No nos quedamos en las ruinas cuando abrazamos a Cristo que ha resucitado.
En este Día de los Fieles Difuntos, la Iglesia nos invita a mirar la muerte con los ojos de la fe, recordando que quienes han partido no están olvidados, sino que viven en la presencia amorosa de Dios.
Es momento de mirarnos sin miedo y preguntarnos: ¿a quién nos parecemos más, al publicano o al fariseo? Ambos oran al mismo Dios y acuden al mismo templo, pero sus corazones son distintos: uno se abre a la misericordia, el otro se encierra en su orgullo. ¿Y el nuestro?
En el mundo de lo exprés del todo rápido, a veces queremos que Dios sea como un trabajador de “pedidos ya”, pero lo cierto es que muchos de los dones que Dios da se fraguan a fuego lento y con participación del interesado.
La memoria agradecida, esa capacidad de recordar con gratitud lo que Dios ha hecho, es fuente de conversión. Nos invita a mirar la vida desde el Evangelio, a redescubrir la presencia de Dios en lo cotidiano. Solo desde la gratitud se renueva el corazón, se ensancha la mirada y se aprende a vivir de una manera nueva.
En el evangelio de Lucas que escuchamos hoy, Jesús no está haciendo un discurso de principios, sino un discernimiento práctica que refleja la realidad de injusticia hacia los pobres, la causa es el corazón egoísta y ambicioso que pone su amor y confianza en el dinero.
En el evangelio de Lucas que escuchamos hoy, Jesús no está haciendo un discurso de principios, sino un discernimiento práctica que refleja la realidad de injusticia hacia los pobres, la causa es el corazón egoísta y ambicioso que pone su amor y confianza en el dinero.