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V Domingo de Cuaresma – 22 de marzo de 2026 (Jn 11, 1-45)

¿Cuántas veces hemos pasado por momentos tan complejos, donde la muerte nos circunda y parece que nada tiene sentido? ¿Cómo pesan las realidades deshumanizantes y de pecado que nos hunden en nuestras realidades más profundas? Incluso, podemos haber escuchado cómo algunos estudiosos afirman: la realidad se impone, no hay otro camino. 

Era esta la realidad de María y Marta, hermanas de Lázaro, quien era amigo de Jesús y estaba muerto. Se encontraban sumidas en su dolor, el cual era natural. El sacerdote del siglo VIII, Alcuino de York, citado por Santo Tomás de Aquino, nos comparte una reflexión respecto de la realidad de las que también eran muy amigas del Mesías: “Mientras estuviste con nosotros, ningún mal, ninguna enfermedad osó aparecer en tu presencia, porque conocieron que teníamos por huésped y por habitante la vida misma”. Quien está con Dios, no da cabida a la muerte.

Sin embargo, aunque tenían sentimientos encontrados y albergaban poca paz en su interior, es posible afirmar que en Cristo Jesús siempre tenemos esperanza. La muerte, el pecado, la incertidumbre y todo aquello que nos roba la paz no tiene la última palabra. El texto del evangelio que hoy meditamos deja con suma claridad esta realidad tan compleja, pero a su vez tan cargada de amor; en medio de la muerte de Lázaro (Cf. Jn. 11, 14b), Jesús irrumpe para rescatar lo que todos consideraban perdido. Es el amigo cercano quien ha tocado los umbrales de la muerte, pero el Señor no queda indiferente.

Alcuino deja entrever la realidad íntima y profunda del Señor ante la muerte de su amigo: “El que era fuente de piedad lloraba como hombre al que iba a resucitar en virtud del poder de su divinidad”. Junto con el dolor, está la claridad respecto de que la divinidad no se esconde, rescata, vuelve a la vida. “¡Lázaro, sal afuera!” (Jn 11, 43) ¡Hermoso momento el que seguimos contemplando! Cristo se duele con nosotros, siente a nuestro lado, se hace uno con nuestra realidad para mostrar que es dueño y rey de todo. No obstante, nos llama a salir de nuestra pequeña realidad, salir fuera de nuestros espacios de muerte, indignarnos ante el pecado circundante pero no escondernos, dar la cara, confiados en su compañía constante.

Ir fuera de nuestras realidades más oscuras es abrazar la vida circundante que solo el Señor posibilita, es poner en marcha la máxima de nuestra espiritualidad ignaciana: ser contemplativos en la acción; encontrar al Amor en todas las cosas y así amar a su modo. Ir fuera es dar testimonio de vida en medio de un mundo muerto y oscurecido por tan poca cercanía con el Eterno Señor de todas las cosas. A nuestro alrededor, muchos están como Marta y María, quizás vos lo estés, pero allí el Señor se acerca, te abraza, no es indiferente a tu dolor, permítete abrazar la esperanza hecha Vida, conduce tu corazón hacia la Luz de Cristo que ilumina. ¿Deseas salir fuera para volver a vivir?

Afmo. en Cristo,    

        P. Juan Gaitán S.J.

Juan Gaitán, SJ

Sacerdote jesuita, nicaragüense por gracia de Dios, de la Provincia de Centroamérica. Realizó estudios en Finanzas, Filosofía y Teología. Nuestra historia es compartida desde el amor misericordioso que el Señor nos dispensa; de allí que, agradecidos, amemos y sirvamos. Las Sagradas Escrituras y la vivencia de la Santa Misa nos fortalecen en la búsqueda de la mayor gloria divina.