Domingo de Ramos Ciclo A. 29 de marzo de 2026
¿Alguna vez te has preguntado cuál es el último milagro de Jesús? Ciertamente no es su propia resurrección, porque ésta es algo más que un milagro, es la revelación plena de quién es Jesús y de quién es Dios, el Padre de las víctimas y el hacedor de la auténtica justicia. Así entonces, sigue la pregunta ¿cuál es el último signo del reino de Dios que Jesús realiza con sus manos?
El último milagro de Jesús es la sanación de la oreja del criado del sumo sacerdote. Es el evangelio de Lucas el que nos cuenta que Jesús tocándolo le sanó su oreja; pero es el evangelio de Mateo, que escuchamos este Domingo de Ramos, el que nos dice más extensamente los motivos de Jesús.
El Señor manda a bajar la espada. Jesús se niega a que su camino a la cruz inicie con la violencia de sus seguidores: «¿No crees que si la transformación del mundo fuera por la vía de la espada, el Padre no enviaría legiones de ángeles a defender su proyecto?». Pero no es así, el mundo nuevo que Jesús ha predicado nunca será inaugurado por medio de la violencia y la revancha. Jesús sana al criado porque no quiere que su misterio pascual esté atravesado por el miedo, la ira o la venganza. ¡Detente! Dice Jesús a todo aquel que quiera por la fuerza anular la salvación del mundo.
La pasión de Jesús que hoy escuchamos está llena de gestos violentos y sanguinarios, es verdad, pero ninguna de estas acciones habrá de venir de los discípulos de Jesús. La pasión es un relato de amor, es lo que estaba escrito. La pasión no se puede improvisar, entregarse por amor y no sucumbir a la tentación de la violencia es toda la experiencia evangélica. Jesús sabe que sus discípulos todavía no están listos, por ello lo abandonarán. Pero él ya está preparado para el paso final, para la pascua. El paso definitivo de la violencia fratricida al amor de hermano que salva.
Nada en el relato de la pasión es accesorio. El último milagro de Jesús en esta tierra es también una buena noticia para todos nosotros. La salvación no vendrá por la espada, porque ese es el camino de la muerte. La auténtica salvación vendrá por la donación del amor, que es el camino de la vida entregada que perdona y reconcilia. Jesús sana la oreja del criado, para que quizá también nosotros pongamos oído atento a su mensaje. Su último milagro está referido a sanar un sentido corporal, el que nos permite escuchar su anuncio bueno y salvador.
¡Hosanna! ¡Bendito sea el hombre que se nos entrega por amor! ¡Bendito él que es la paz que Dios nos da! ¡Bendito seas, porque eres tú la respuesta de Dios a nuestra súplica de justicia y liberación! ¡Bendito seas Jesús, de Nazaret de Galilea!
P. José Javier Ramos Ordóñez, SJ





