Escuchar a Jesús se convierte en la actitud primordial del discipulado cristiano. Como consecuencia de esta escucha, surge el seguimiento: las ovejas siguen a su Pastor porque reconocen su voz: “Yo las conozco y ellas me siguen”.
Escuchar a Jesús se convierte en la actitud primordial del discipulado cristiano. Como consecuencia de esta escucha, surge el seguimiento: las ovejas siguen a su Pastor porque reconocen su voz: “Yo las conozco y ellas me siguen”.
Ser cristiano se trata de amar gratuitamente, implica ver la realidad con lucidez y servir allí donde hace falta.
Como Tomás, déjate alcanzar por la paz del Resucitado y atrévete a decir desde lo más profundo: «Señor mío y Dios mío».
«Se nos fue hacia la casa del Padre. Lo extrañaremos mucho, porque nos mostró a un Dios bueno y misericordioso. Su fallecimiento nos deja tristes, pero también agradecidos por su testimonio de vida cristiana».
Hoy Dios ha conquistado un derecho para todos y que por nadie puede ser arrebatado, el derecho a la esperanza. La confianza de que la muerte no tendrá la última palabra.
La Pasión de Cristo es el acto de amor más grande y generoso que hemos podido recibir, nos ha liberado y nos ha salvado. Por tanto, ¿está listo tu corazón para asumir el camino de cruz amando y sirviendo?
La respuesta de Jesús es poderosa: «El que de vosotros esté sin pecado, sea el primero en arrojar la piedra». Con esta afirmación, nos recuerda que todos somos imperfectos y que el juicio debe ser acompañado de humildad y autoconocimiento. En un mundo donde a menudo se señala con el dedo, este mensaje es un llamado a la compasión y a la empatía.
El poder de sentirse perdonados es lo que cambia y transforma nuestra vida. No se trata de pecar con la certeza de que seremos perdonados, sino de comprender que quien ha sido perdonado encuentra en su vida una misión: llevar a otros a vivir desde la gratitud.
No desperdiciemos el tiempo que nos queda para abrirnos al mensaje de Jesús y ser más radicales en su seguimiento, la conversión nos pone de cara a nuestra propia vida y de cara a nuestra propia muerte, sólo él hace fructífera la vida, la hace más sencilla y feliz, y destinada a resucitar con todos aquellos que queremos.
La cuaresma es un tiempo para subir a la montaña con el Señor, traer a la memoria todos esos momentos con Él y dejarnos renovar para seguir avanzando con fe, en el camino de la vida, porque sabemos que Él va con nosotros.