Domingo 5 de julio de 2026 – Mateo:11, 25-30 Existen cansancios que no terminan de…
En el Evangelio de este XIII Domingo del Tiempo Ordinario, el evangelista Mateo nos presenta…
Es mejor estar bien con Cristo que estar equivocado con la multitud. Para ser un testigo vivo, se necesita confianza en Cristo y en uno mismo, y la convicción de que el único camino que beneficia a todos es el de Jesús.
Y a ti, ¿a dónde te lleva la confianza plena en Dios y tu compriso cristiano?
Tal vez la misión no consiste en salvar el mundo por mis propias fuerzas. Si no, en prolongar la mirada, la compasión y la acción de Jesús ante el sufrimiento del mundo.
No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ojalá que el Corpus Christi sea la solemnidad de este gran deseo de Jesús. Que nuestra mejor adoración sea una auténtica postración e inclinándonos lavemos los pies de los cuerpos desafiados y desafiantes de la historia.
Quien desea que nos salvemos sigue dando a su Hijo a cada instante, especialmente en cada Santa Misa te espera para que no perezcas y empieces a gustar los frutos de la vida eterna. El amor del Señor sigue renovándose y siendo actual, en cada obra que realizamos en su nombre damos testimonio de fe…Dios es amor.
Hoy el Evangelio nos recuerda algo esencial: ninguna puerta es demasiado fuerte para impedir la entrada de Dios. Ni el miedo, ni la culpa, ni el pasado y ni las heridas. Cristo sigue entrando donde nadie más puede entrar. Sigue trayendo paz donde todo parece roto. Y sigue transformando personas asustadas en personas capaces de volver a vivir. Porque cuando Él entra en una vida, el miedo ya no tiene la última palabra.
VII Domingo de Pascua El evangelista san Mateo nos narra en este domingo la última…
Tal vez eso es lo que más necesitamos escuchar hoy.
Que incluso cuando no entendemos todo, cuando nos sentimos cansados o confundidos, no estamos abandonados.
Que el Espíritu sigue obrando. En silencio. Sin imponerse.
Como una presencia que acompaña desde dentro.
El evangelio de hoy nos invita a cambiar la mirada. A dejar de buscar a Dios solo en lo extraordinario… y aprender a reconocerlo en lo cotidiano, en lo cercano, en lo humano. Y entonces la pregunta se vuelve inevitable: ¿En qué mi vida está haciendo visible a Dios? ¿En qué mis gestos, mis palabras, mis decisiones reflejan a Cristo?


